24 DE MARZO: El aniversario de una tragedia argentina

LA POLÍTICA ECONÓMICA DE MARTINEZ DE HOZ MUESTRA EL VERDADERO PLAN DE LOS GRUPOS ECONÓMICOS PARA LA RECONVERSIÓN DEL PAÍS:LA REPRESIÓN HIZO POSIBLE ESE PROPÓSITO

Es la madrugada del 24 de Marzo de 1976: la Presidenta Isabel Martínez de Perón es desalojada del poder y conducida a la residencia del Mesidor (Neuquén) pocos meses antes que su gobierno alcanzara el fin de su período, y se celebraran elecciones. Asume el Gobierno la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas. Poco después se anuncia que se ha resuelto que el teniente general Videla asuma, el día 29, como Presidente de la Nación.

Queda implantada así en la Argentina una dictadura sangrienta que regirá hasta 1983. El análisis de sus orígenes permite destacar varias causas:
a) El avance popular, que desde el Cordobaza en adelante, con tomas de ciudades y operativos armados, ha conmovido a la clase dominante, que siente amenazados sus privilegios. La reacción fascista no se hará esperar. Para ella es imprescindible “un escarmiento” dirigido a evitar toda reincidencia en rebeldías semejantes
b) Estos mismos sectores ven la oportunidad inmediata de reconvertir la economía argentina y como en toda gran reestructuración en perjuicio del Pueblo-al estilo mitrista en 1862- su implantación sólo es posible a sangre y fuego para aplastar la resistencia de las víctimas.
c) El imperialismo norteamericano halla, a su vez, la oportunidad para preponderar decisivamente sobre la Argentina: saquearla financieramente, dominar su mercado interno y extranjerizar su aparato productivo. Tradicionalmente semicolonia inglesa, la Argentina había intentado un desarrollo autónomo a partir de 1945, y concluida esta experiencia, el Tío Sam sólo ha podido ingresar a esa economía competitiva a través de las inversiones de la época frondicista y de las desnacionalizaciones del gobierno militar de Onganía, pero la presidencia de un Lanusse (familia ligada a el viejo país agropecuario pro británico), así como la vuelta del peronismo al poder en 1973, han obstaculizado su predominio. Ahora, en cambio, la situación les resulta propicia para avanzar sobre esa Argentina donde la declinación de un gran movimiento nacional abre camino al golpe militar
Las primeras medidas del gobierno golpista no dejan dudas sobre sus verdaderos propósitos: disolución del Congreso Nacional y remoción de los integrantes de la Corte Suprema, suspensión de la actividad de los partidos políticos y prohibición sobre 48 agrupaciones políticas, gremiales, sociales y universitarias, intervención de la CGT, la CGE y las “62 organizaciones”, suspensión del derecho de huelga y eliminación del fuero sindical, intervención de los más importantes sindicatos, reemplazo de los representantes diplomáticos, intervención de la cuentas bancarias de dirigentes justicialistas y creación de Consejos de Guerra para reprimir toda clase de alteración del orden público.
Como si todo esto fuera poco, o justamente porque una cosa era necesaria para la otra, mientras las Fuerzas Armadas se lanzan a la caza de jóvenes de jóvenes guerrilleros, y sus compañeros de superficie, como así también de sindicalistas rebeldes, se sientan rápidamente las bases de la reconversión de la economía argentina en función de los intereses foráneos y de la especulación financiera.
Martínez de Hoz, Ministro de Economía del régimen y eventual núcleo ideológico del Proceso, acompañado de su equipo de “Chicago boys” simbolizan el asentamiento del imperialismo norteamericano en la Argentina, como se verá a partir del discurso inaugural que pronuncia el 2 de abril del 76, donde con aires fundacionales, anuncia una política económica que finalmente provocará: liquidación del aparato productivo nacional, endeudamiento externo, especulación financiera, libre giro de divisas al exterior, transnacionalización de empresas nativas, y fuerte redistribución del ingreso a favor de los grupos financieros. Este plan se implanta a través de una serie de medidas que se aplican sucesivamente: derogación de la nacionalización de los depósitos bancarios y del monopolio del comercio exterior que ejercían la Junta Nacional de Carnes y la de Granos, eliminación de precios máximos, modificación de tarifas de servicios, liberación de las tasas de interés y de cambios, descenso notable de los aranceles de importación, modificación de la ley de radicación de inversiones extranjeras, prohibición del derecho de huelga y ley de prescindibilidad.
El pivote sobre el que gira toda la política económica del “proceso” es el sistema financiero inaugurado por Martínez de Hoz, tan potente en sus resultados que ocasionan daños que todavía nuestro país sufre.
La moda de lo importado alcanza a rubros extravagantes que obnubilan el snobismo de las clases altas y sectores medios, que invaden destinos extranjeros, rifando divisas en el frenesí del “deme dos”.En 1978, ya la Argentina tiene un saldo negativo del turismo de 310 millones de dólares, que aumenta en el ´79 a 1.000 millones y en 1980 a 1.447 millones.
Como no podía ser de otro modo, ante semejante panorama el “éxito” del plan económico provoca un fuerte deterioro del aparato productivo nacional. Infinidad de industrias van cayendo, y la tasa de desempleo recibida por el régimen del 6%, comienza rápidamente a acelerarse, y hacia fines de 1977 ya es del 9%, empezando la carrera que alcanzaría las cifras de desastre ya conocidas. Lejos de ser un fracaso de la política económica, esto encaja funcionalmente en el nefasto plan. Al aniquilamiento por la represión y la intervención de la actividad sindical, se suma la baja de salarios como factor de “disciplinamiento social” de la desocupación, generando “el bajo costo argentino” que en la mirada de los diseñadores de esta política de brutal concentración económica serán la herramienta de inserción de la Argentina en mercado mundial.
La brutal represión, la desaparición de militantes populares con su secuela de robos de bienes e identidad, la censura y el terror impuestos a toda la sociedad, cobran sentido así, cuando se aprecia la magnitud de la transformación regresiva que se propusieron los sectores dominantes a través de la dictadura cívico-militar, y cuyo colofón puso la década de supremacía neoliberal que la sucedió. Muchos años después, todavía a la hora de plantar transformaciones que reparen lo sucedido, el tejido de la sociedad argentina registra marcas que provienen aquel período, cuya influencia todavía no ha cesado,

Navegación

Inicio de sesión

Encuesta