Recuerdo que fue en el verano de 1961, yo venía de unos cuantos años estudiando en la Facultad de C. Económicas y mi soberbia juvenil pretendía que era poco o nada lo que me quedaba por aprender. Sin embargo, a pesar de que me habían hablado de tantas y tantas cosas en la escuela secundaria y en la universidad, nada me habían dicho acerca del imperialismo. Y esa tarde, cuando me acerqué a Plaza Italia para escuchar a don Arturo Jauretche, que por ese entonces se candidateaba para senador por la Capital Federal, me llevé una sorpresa. La mirada atigrada, la camisa fuera del pantalón, los brazos amenazantes en arrebatos boxísticos, Jauretche expresó con voz ronca y agresiva "Un amigo, un compañero, que fue uno de los fundadores de FORJA, me dijo un día: Dígame, Arturo, Ud. sabe por qué si, como dicen, en la Argentina llueve riqueza, resulta que nosotros, los del pueblo andamos siempre secos ?. Me sorprendí, pero sin darme tiempo a dar respuesta, el agregó "Lo que ocurre es que el país está techado". Por eso no nos mojamos de esa lluvia de riqueza, y ese techo tiene canaletas que llevan esa riqueza a Londres y Nueva York y nosotros nos quedamos secos, y eso es el imperialismo, Arturo, no le parece. Ese amigo se llamaba Manuel Ortiz Pereyra.
Fue un gran luchador agregó Jauretche, una gran inteligencia puesta al servicio de la liberación. Por eso lo silenciaron. Por eso, agregamos nosotros hoy, lo convirtieron en "Maldito". Ese anochecer, al regresar a mi barrio pensé para que servía todo lo que me habían enseñado si me habían ocultado esa verdad fundamental. Pensé asimismo, quien era ese Manuel Ortiz Pereyra, y cual había sido su historia. Poco tiempo después ubiqué a su hija Lila, en una casita humilde de Gerli. Ella, guardaba como preciado tesoro, en un pequeño maletín, libros y recortes periodísticos de su padre. Me informó que él había nacido, en Corrientes, el 5 de diciembre de 1883 y fallecido, en Buenos Aires, el 23 de mayo de 1941. En un largo recorrer por librerías de viejo conseguí luego sus libros y comprobé que medio siglo atrás había puesto a la luz verdades esenciales de nuestra política, nuestra economía y nuestra cultura. Por ejemplo, allá por 1928, había escrito Manuel Ortiz Pereyra "Hermano y compatriota: ¿Quiere Ud. saber que es la Rca. Argentina?, tome un mapa plano del mundo, extiéndalo sobre una mesa y dóblelo por la mitad de abajo para arriba, de modo que el Ecuador quede como lomo de la dobladura.
Observará enseguida que nuestra Argentina superpuesta sobre la América del Norte cubre un espacio que abarca desde la mitad de México hasta casi la mitad sud del Canadá. Quiere saber más, mida la distancia que separa a la Argentina dela línea del Ecuador y de la línea del Polo, encontrará que está equidistante de ambos climas extremos. Quiere saber algo más: Corte el mapa mundi por la dobladura y superponga la hoja que contiene el mapa de la Argentina sobre los mapas de Europa, de Asia, de África y de Oceanía teniendo cuidado de seguir la línea del Ecuador. No encontrará ningún otro país mejor colocado sobre la superficie del planeta.
Eso le dice a Ud. que debe inclinarse y rezar su oración mas sentida loando a Dios por el beneficio que le ha hecho al ponerlo para vivir en la más privilegiada zona del mundo de su creación. Ahora lleve las manos a su bolsillo y cuente sus moneditas, ¡Qué contraste!. Ahí está su vida en plena Rca. Argentina en el siglo de la más esplendorosa civilización. No tiene Ud. en definitiva mas que un bello suelo, para ser enterrado. Nuestras grandes riquezas están en manos de media docena de firmas y los habitantes de la Argentina vivimos en permanente crisis económica". Así escribía Ortiz Pereyra, en 1928. Así sostenía que los grandes diarios y los intelectuales oficiales nos emboban con fábulas y mitos que el llamaba "aforismos sin sentido" y que Jauretche llamaría luego zonzeras.
La ley de la oferta y la demanda o la propaganda privatista que critica al estado por mal administrador y las denunciaba en aquellos tiempos. Y en lenguaje campechano, se preguntaba: "Hablando en plata. ¿Dónde está la plata en esta República del Plata, con su río de la Plata, con su ciudad de La Plata, con su cordillera coronada de plata y su luna de plata; cosas de brujas, quién tiene la plata?". En sus libros, "La tercera Emancipación", "Por la redención cultural y económica" y "El SOS de mi pueblo", O. Pereyra revelaba la dependencia en que estaba y aún está sumida la Argentina. Decía: "nuestro país pertenece a Dreyfus y Bunge Born, acaparadores a precios viles de toda nuestra producción agrícola, pertenece a Armour, Swift y otros monopolios, acaparadores de nuestra producción ganadera a precios convenientes para arruinarnos, pertenece a las empresas extranjeras, que se reparten en Europa y Norte América dividendos enormes.
En cualquier país de esclavos los señores dan a sus vasallos casa, comida y ropa a cambio del trabajo. En el interior de la Argentina, los asalariados, el90% de su población nativa perciben, un promedio de 2 pesos diarios con los que apenas alcanza a costearse solamente la comida. Seguía diciendo O. Pereyra: "el pueblo que ha concurrido a la escuela Argentina ha aprendido una cantidad respetabilísima de conocimientos de historia, geografía, gramática y otras materias, pero ignora de un modo absoluto su situación real y actual de pueblo encadenado a una dictadura económica que lo hunde silenciosa e implacable en la miseria el hambre, la corrupción y el crimen.
Para colmo el pueblo ignora el nombre de sus dictadores: Lord Saint Davis, Lord James Caird, Lord Vestey, Sir Follet Holt, Sir Parish, Sir Forest, Eduardo de Windsor, Bunge y Born, Dreyfus y los presidentes de tantas y tantas empresas de mando dictatorial sobre miles de obreros y empleados argentinos es decir como si dijera hoy,Techint, Pérez Companc, City Bank, Macri etc. y seguía diciendo O. Pereyra: El pueblo ignora, en fin, que la enseñanza oficial lo mantiene dopado con ensoñaciones de color de rosa, que la afición a la literatura en los ambientes populares representa la más gruesa cortina de humo que le tiran los turiferarios argentinos del capitalismo extranjero para ocultar las causas y los causantes de su tragedia económica. En las bibliotecas públicas de este país, -agregaba- se apilan montañas de libros.
Todos son libros de versos, novelas, cuentos, historias y toda clase de ciencias. Sólo en 1933 se inscribieron en el registro de la Biblioteca Nacional 1600obras nuevas escritas en la Argentina pero no alcanzan a una docena los libros que tratan de política económica nacional, el tema por excelencia de cualquier país civilizado, el único asunto de vida o muerte para nuestro pobre pueblo.
¿Y que rol juega la cultura, los intelectuales? O. Pereyra dice: En nuestro país, los literatos ejercen el mismo oficio que el campana del carterista, cuya misión consiste en entretener, estrujar o distraer al candidato mientras el punguista le sustrae la cartera con un suave pasecito de la mano. El literato argentino representativo de la intelectualidad argentina, escribe versos novelas, cuentos y narraciones de entretenimientos, se inspira un poco más y hace poesías de las buenas de esas que hacen parar los pelos de punta sigue inspirándose y remonta su vuelo lírico, cantando a las estrellas, a la mujer amada, a la patria, a la bandera azul y blanca, entonces entra en operaciones el descuidista y nos sustrae el trigo, el lino, el maíz, la carne con una suavidad tan delicada como la del lancero auténtico de la plataforma del ómnibus. Así hablaba M. O. Pereyra, hace ya varias décadas y así se sigue operando todavía. Por esa razón la maldición del país vasallo cayó también sobre él.


