LA BOLSA O LA VIDA, por Eduardo Vaianella.

El siguiente es un texto publicado en el periódico SEÑALES POPULARES nro. 2, escrito por Eduardo Vaianella, Psicólogo y miembro del Centro Cultural.

"La bolsa o la vida"

"El título remite al cliché de lo que un ladrón le decía a su azorada víctima, en tono imperativo, al interceptarla. Quedaba claro en la interpelación una alternativa de hierro. Ambos términos tenían un valor y estaba a cargo del asaltado elegir a cuál de ellos le atribuía el más alto para luego, entregar el otro. La “bolsa” refería a los bienes materiales que el desprevenido llevara encima –dinero, anillos, reloj, etc.-. La “vida” era su propia existencia como ser humano, su cuerpo físico y su historia personal, que podrían acabar ahí mismo, si se optaba por defender la billetera. En realidad esta última opción sólo era tal si el delincuente, una vez arrebatada la vida del sujeto, huía sin tomar antes, las pertenencias de su víctima.
Fuera como fuera tanto “bolsa” como “vida” eran asuntos tangibles, visibles, medibles, presentes, ciertos. El caco sabía qué iba a buscar y el damnificado sabía qué prefería defender.
Hoy todo ha cambiado. Por un lado, new age mediante, podríamos envolvernos en una interminable disquisición sobre qué es la vida, cuál es su valor, si alguien puede arrebatarla a otro o si alguien puede entregarla, si en realidad le pertenece a un sujeto o es un don recibido, si hay vida luego de esta vida, si el destino ya está escrito, etc., etc.
Pero en realidad quiero hablar del otro término de la disyuntiva. ¿Qué es la “bolsa”? Si preguntáramos a boca de jarro esto hoy, octubre de 2008, a una inmensa mayoría en el mundo, antes de responder, se le presentaría la imagen de Wall Street o algún lugar similar. Vería en su interior enormes y múltiples pantallas llenas de números y letras “corriendo” desde y hacia la nada, cambiando incesantemente. Vería cientos de personas con auriculares y teléfonos, mirando hipnotizados esas pantallas, denotando que les va la “vida” en ello. Vería rostros crispados, gente a los gritos, personas que se toman la cabeza desesperadas, miradas incrédulas, golpes de mano en la frente ante la catástrofe inevitable e incomprensible. Algunos más informados verían el reloj de Times Square, colapsado por la insuficiente cantidad de dígitos para acoger el déficit de la economía estadounidense. Otros, acostumbrados a concurrir a estadios de fútbol, apreciarían “la ola” que recorre el planeta desde Hong Kong hasta América Latina, pasando por China, Europa y los EEUU, volteando los índices bursátiles del mundo, en un dominó perfecto, sensual, casi bello.
A poco de andar, y sin dejar de ver, comenzaría a escuchar. Se abalanzarían sobre sus oídos jeroglíficos tales como “hedge funds”, apalancamiento, Nasdaq, hipotecas subprime, Dow Jones, fondos tóxicos, Nikkei, fondos estratégicos de crédito estructurado de alta gama (Bear Stearns dixit), islas todas que flotan sobre el océano del “ingenio del mercado” en palabras del Primer Ministro británico Gordon Brown o de la más amplia definición de “contabilidad creativa”.
Mas, luego de tanto significante exótico se comienza a oír que todo esto afectará severamente a la “economía real”. Entonces, como por arte de magia, aparecen como pasibles de daño, elementos mucho más conocidos y concretos. Se habla de la pérdida de cientos de miles de empleos, de que millones de futuros jubilados verán desaparecer sus pensiones luego de décadas de aportes, de la caída brusca de las ventas, del aumento de las tasas de interés en los préstamos ya otorgados y por ende de las cuotas a pagar de aquí en adelante y por años, de muchos miles que perderán su única propiedad y que engrosarán el ejército de desamparados que pulula por las calles del mundo.
Y entonces, por fin, se vuelven a reencontrar en los hechos, la “bolsa” y la “vida”. Es honesto aceptar que la reconciliación se produce de la peor manera. La “bolsa” acaba con la “vida” de millones. Y como si esto ya no fuera suficientemente cruel, será el esfuerzo de esos mismos millones, el que resarcirá a los pocos que manejan la “bolsa”. No otra cosa es el “salvataje” de los gobiernos de las grandes potencias a los bancos, compañías financieras, agencias hipotecarias privadas y aseguradoras. “Hood Robin” ataca otra vez. El cobarde bandido desvalija a los pobres, para que los ricos continúen con su fiesta exclusiva. Como aquel ladrón del principio que, luego de segar la vida de su víctima, le quitaba también la bolsa.
Sin embargo, comprobamos que no hay nada nuevo bajo el sol. En todos los altares, desde que el mundo es mundo y aún antes, se han sacrificado seres humanos y animales reales, para satisfacer a dioses insaciables, invisibles y de muy dudosa existencia. Allá y entonces, el sílice extraía el corazón palpitante del ofrendado a la divinidad. Aquí y ahora, el dios Mercado, sigue exigiendo sangre de inocentes."
Octubre, 2008.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Allowed HTML tags: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

 Comunicación sobre actividades de los viernes

 
Página Web de Señales Populares en Construcción

 

Encuesta