A continuación se transcriben palabras del historiador y escritor Norberto Galasso.
"Aclarando posiciones"
Eriberto De Pablo, un amigo jauretcheano hasta los tuétanos, me acaba de reenviar un texto que circula por Internet, publicado por Jorge Scalabrini Comaleras, hijo de Raúl Scalabrini Ortiz y Mercedes Comaleras, que le ha sido enviado por una escritora que no conozco, cuyo nombre o seudónimo es Bibiana Apolonia del Bruto. Este correo titulado “El hijo de Scalabrini refuta a Galasso” viene por vía de Bambú Press boletinbambu en yahoo.com, ha sido publicado en el diario “El liberal” y resultaría, según De Pablo, “un cartón lleno” si se hubiera publicado en “La Nación”. Allí, Jorge vuelve sobre una vieja disidencia que él manifestó en 1970: según él, yo habría sostenido que su padre era marxista. Más tarde, la viuda, Mercedes Comaleras (No Coraleras, como se afirma en el texto, lo que hace suponer que no lo escribió su hijo) publicó la misma crítica en “Mayoría”, el 5 de diciembre de 1975, en un momento poco oportuno para debatir sobre marxismo, cuando las TRES A desarrollaban plenamente su siniestra tarea.
Ahora bien, como Del Bruto parece no saberlo y el amigo De Pablo quizás lo haya olvidado, me veo obligado a aclarar algunos puntos, aunque desde ya agradezco la aclaración suficiente que hizo circular Néstor Gorojosky poniendo los puntos sobre las íes en pocas palabras, sobre este asunto.
En primer término, debo recordar que lanzado el libro en 1970, - con la garantía de que fue presentado por Arturo Jauretche-, Pedro Scalabrini -hijo mayor de Scalabrini Ortiz– me invitó a cenar para manifestarme su total coincidencia con la biografía y agradecerme haber sacado al padre del olvido (Scalabrini había muerto en 1959 y sólo se habían publicado dos pequeños esbozos biográficos, uno, en 1942, por el gran argentino que fue don Vicente Trípoli y otro, en 1961, firmado por un tal Enrique Barés, de quien nunca supe si era su nombre o un seudónimo, en ambos casos trabajos breves y debo recordar que Trípoli, con grandeza y generosidad, me pidió que lo acompañara en todos los homenajes a Scalabrini por considerar que mis 580 páginas ampliaban el homenaje y reconocimiento al gran patriota). En esa reunión, Pedro me dijo que gracias a mí había conocido en plenitud la lucha de su padre. Últimamente, un nieto de Scalabrini -Martín- al promover una reedición de Historia de los Ferrocarriles argentinos, me pidió que lo prologara como un reconocimiento a mi trabajo biográfico. Como en toda familia, hay concordancias y disidencias al respecto.
Lo cierto es que a través de los años nunca dejé de reivindicarlo a Scalabrini Ortiz, tanto en artículos como en conferencias y mesas redondas. Asimismo, en 1973 a través de un folleto editado por ese militante infatigable que se llama Antonio Ángel Coria, cuando fundamos en Punta Alta el “Centro Scalabrini Ortiz”; luego, en 1975, en un folleto editado por la revista “Crisis”; más tarde, en 1982, en una biografía reducida publicada por “Ediciones del Pensamiento Nacional”; después, en 1984 con Raúl Scalabrini Ortiz y la penetración inglesa, publicado en Centro Editor de América Latina por sugerencia de otro gran amigo: Oscar Troncoso: luego, en 2006, con Scalabrini contra el Imperio,publicado por el Ateneo Scalabrini Ortiz dirigido por Fabián Metler y últimamente, apareció la segunda edición de aquel libro del ´70, ahora por Colihue. Cuánta agua ha pasado bajo los puentes en estos cuarenta años y nadie, ningún forjista, ni ningún nacionalista, ningún viejo amigo de Raúl, ha salido a impugnar el libro, pero a Jorge no le gusta y su mamá, hace más de tres décadas se manifestaba bastante coincidente con él, seguramente influida por sus argumentos. Con ella tuve siempre una excelente relación, salvo que le molestó que yo dijera en el libro que habían pasado urgencias económicas (la señora era de una familia provinciana de cierto abolengo local) así como que sostuviera que en un momento de aislamiento y angustia, Scalabrini se tomó un vaso de whisky en una medianoche, considerado por ella como una presunción de alcoholismo, que no era tal. Pero, como se comprenderá, la verdad sobre un personaje que ya es historia en la Argentina, no resulta de cuantos familiares votan a favor ni cuantos en contra.
Desde aquel año 1970, Jorge embistió contra el libro y parece ser muy consecuente en sus planteos porque todavía, cuatro décadas después, lo sigue haciendo. Hubiera sido más efectivo quizás que escribiera una vida de su padre eliminando todo aquello que le disgusta o algunas conclusiones que todo biógrafo se ve obligado a realizar para explicar la vida del biografiado. No lo ha hecho, sin embargo, sino que se ha pasado 40 años fiscalizando mis ediciones para denigrarlas. Ahora se le agrega Del Bruto quien cree ver en la biografía una forma de apoyar “a la pareja presidencial” y sus sostenedores de “Carta Abierta”, es decir justamente a quienes rinden homenaje a Scalabrini, (decreto 2185, del 2008) y lo hace con entusiasmo: “Se trata del hijo”, exclama apasionadamente y lo califica de “ingenio en petróleo” (supongo que habrá querido escribir ingeniero) y de costado manifiesta su molestia por mi nota donde critico la política de Proyecto Sur, en Página/12, del 2 de febrero del presente año.
De cualquier modo, Del Bruto queda muy lejos del ánimo descalificador que exalta a Jorge.
El ha manifestado militantemente su desagrado y a tal punto que –caso único en el mundo- mandó varios chicos a volantear contra el libro en su acto de presentación en 1982, a quienes un insobornable forjista como Darío Alessandro, amigo de Raúl, que presentaba el libro, los sacó a cajas destempladas. Luego, Jorge publicó una extensa nota, el 26 de agosto de 1982, también dirigida a denigrar al libro. Últimamente, también protestó cuando el nieto -Martín- publicó Historia de los ferrocarriles argentinos y yo redacté el prólogo. Y ahora vuelve sobre el tema.
Pero, en fin, ¿qué dice Jorge?: que en mi biografía yo afirmo que el padre era marxista, actuando así al nivel de los yanquis que veían marxistas en todos lados y se horrorizaban, como lo sufrió Charles Chaplin e incluso nuestro Jorge L. Borges, por haber escrito “Los Salmos rojos”, en su juventud.
Así sostiene Jorge: l) que en el prólogo a la primera edición, Jorge A. Ramos “desmintiendo las afirmaciones de Galasso”, sostiene que Raúl no era marxista. Por lo que parece, no me reconoce demasiada inteligencia ni picardía como “tergiversador” pues si hubiera publicado un libro falseando que Raúl era marxista, no habría recurrido a un prologuista para que me desmintiese.
2) Reproduce la carta de “Mecha”, ya una señora anciana donde, en 1975, la hacen decir que “doy a entender que Sacalabrini se nutrió ideológicamente con las ideas de Lenin, Marx y Trotsky”. La imputación es falsa. Lo que yo digo es que Raúl integró el grupo Insurrexit en 1919, citando palabras de Scalabrini: “Contribuí a fundar el grupo Insurrexit... Esos dogmas dejaron luego de desvelarme, aunque la práctica del comunismo dejó en mí una huella tan honda que mi espíritu parece un par de brazos fraternales” (R. S. O., en Cuentsitas Argentinos de hoy, autorreportaje, Ediciones claridad, Bs. As., 1929)
3) Agrega Jorge que en p. 439 de mi libro, hago referencia a un comentario de Scalabrini sobre la conveniencia de formar un partido de izquierda nacional o comunista nacional. El texto dice: “Raúl viaja a La Plata y se encuentra en el tren con Juan José Hernández Arregui y en la conversación le dice: -¿Usted no cree, Arregui que ha llegado el momento de formar un partido comunista nacional? ¿No cree que dado el avance que hemos logrado últimamente es necesario un partido de izquierda que incida sobre el peronismo, una izquierda nacional?”. Este testimonio proviene de Hernández Arregui, y el libro se publicó en vida de este extraordinario intelectual del campo nacional, por lo cual yo no podía inventarlo, y en el caso supuesto que así fuera -que no va con mi rigurosidad histórica- Arregui lo habría desmentido.
4) También mi libro reproduce un texto del folleto “El capital, el hombre y la propiedad en la vieja y en la nueva constitución”, p.21, donde Raúl comenta la frase de Perón “humanizar al capital” y señala “El capital no fenece y por eso fundamentalmente es inhumano. Humanizar el capital significa entonces -a mi entender- emplazarlo, transformarlo en mortal y perecedero como las cosas a las cuales está aplicado. La frase del general Perón entreabre un nuevo mundo de posibilidades técnicas y matemáticas en que aparece factible una nueva relación entre los seres humanos”. Claro, comprendo, hay gente que esto no le gusta, pero no lo digo yo, lo dice Scalabrini.
5) Después, Jorge hace referencia al hermoso artículo de Scalabrini sobre el 17 de octubre y señala que las masas “no vivaban a Marx, a Lenin, ni a Trotsky. No fue una gesta marxista. Lo vivaban a Perón”. Por supuesto, a nadie se le ocurre suponer otra cosa. Y yo lo transcribo tal cual es, pero ocurre que como soy un historiador riguroso, trascribo también lo que dice Scalabrini, pocas semanas después, el 9 de enero de 1946, en el semanario “Política”, y esta trascripción parece que irrita a alguna gente: “Dentro de pocos días se cumplirá un nuevo aniversario de un acontecimiento que en mi juventud me conmovió profundamente, tanto como en el correr de los años debía de conmover al mundo: la rebelión del pueblo ruso, bajo la dirección de un genio político trascendental Nicolás Lenin. Las revoluciones destinadas a marcar una huella perdurable en la historia presuponen la existencia de dos factores: primero, un pueblo dotado de una elevada tensión espiritual y de un ímpetu de generosidad colindante con el mesianismo, como era el pueblo ruso, de acuerdo a sus intérpretes más fehacientes y como yo creía que era la facción más genuinamente diáfana del pueblo argentino. Segundo, conductores que estén íntima e inseparablemente imbuidos de ese espíritu, hasta el punto de ser sus intérpretes como lo fue Lenin. Lenin era un doctrinario dogmático, pero un ruso ‘profundamente nacional’ según el testimonio textual de Trotsky quien agrega: Para dirigir una revolución en la historia de los pueblos es preciso que existan entre el jefe y las fuerzas profundas de la vida popular un lazo indisoluble y orgánico que alcance a sus raíces esenciales” (pág. 303 de la primera edición de mi libro). Esto lo reproduzco yo, pero lo escribió Scalabrini, aunque a Jorge no le guste.
6) Curiosamente, en su crítica de estos días, Jorge transcribe una frase de un artículo de la revista “Qué” del 18/9/56 donde Raúl se refiere a que “los ferrocarriles se hicieron con el trabajo de los argentinos” –sobre lo cual estamos de acuerdo-, pero omite señalar, que en el mismo artículo, pocos párrafos después, su padre señala que “la construcción de los ferrocarriles en las colonias y países poco desarrollados no persigue el mismo fin que en Inglaterra. Es decir, no son parte esencial de un proceso general de industrialización. Esos ferrocarriles se emprenden simplemente para abrir esas regiones como fuentes de productos alimenticios y materias primas tanto vegetales como animales, no para apresurar el desarrollo social por un estímulo a las industrias locales. En realidad, la construcción de ferrocarriles coloniales y en país subordinado, como el nuestro, es una muestra de imperialismo, en su función antiprogresista que es su esencia”. ¡Magnífico!, ¿no es cierto? Es el eje de la posición scalabriniana. Sólo que Jorge, leyó hasta la página 93. Si hubiera seguido hasta la 95 se hubiera encontrado con esta notable definición de imperialismo, pero seguramente le hubiera disgustado que su padre sostenga que estas palabras entrecomilladas no son de él, sino que pertenecen a Allan Hutt, en su libro This final crisis, y Hutt -¡horror!- era una marxista inglés.
7) Con respecto a Perón, parece que yo también lo tergiverso, según mi crítico. Eso les pasa a algunos peronistas o nacionalistas por no leer a Perón. Vean el libro Esta es la hora de los pueblos, donde el General sostiene: “Frente a la caducidad insoslayable del capitalismo demoliberal, se puede predecir que el mundo será en el futuro socialista”. Líneas antes, Perón ha dicho: “Algunos creen que la solución puede ser el socialismo internacional dogmático, otros creen que la solución depende de un socialismo nacional” (La hora de los pueblos, 1968, p. 187). Lo dice Perón, aunque yo modestamente estoy de acuerdo.
Esto es todo. Raúl no era marxista (nunca lo afirmé), pero había leído a Marx, a Lenin, a Trotstky, como había leído a Anatole France, a Poe y tantos otros, especialmente al marxista Hutt que le sirvió para entender el trazado colonial de los ferrocarriles en la Argentina. Esto lo afirmo, en base a documentos, esto es lo que destaco. También destaco, y eso le gusta más a alguna gente que Scalabrini estuvo muy cerca de Gregorio de Laferrere, y de los Irazusta, en las tertulias del café Richmond , en la época del golpe contra Yrigoyen y que en principio, fue favorable al golpe. Si a alguien le gusta ese Scalabrini y prefiere quedarse con él, yo no le rendiría homenaje por maurrausiano y fascista. En ese caso, yo no tendría tampoco la culpa, pero sería una visión parcial de quien estaba en una búsqueda y en esa búsqueda angustiosa, aislado, con todos los medios en contra, también publicó en un diario alemán sus primeros escritos sobre el imperialismo inglés, el Franfurter Zeitung. Relatar ese hecho no es convertirlo en nazi. Como relatar que estuvo en Insurrexit o que citó a Trotsky no es hacerlo trotskista Era un patriota y en su búsqueda para develar la tragedia argentina hurgaba en todos lados, pero cuando los nacionalistas de derecha de “Nuevo Orden”, en 1940, le pidieron un artículo -que sería como escribir en “Cabildo” o “El Caudillo”- les contestó: “Hay algunos amigos que cayeron seducidos por las sirenas de la propaganda alemana y hoy quieren hacernos creer que el triunfo germánico abrirá para nosotros perspectivas más holgadas. Nosotros estimamos que esa suposición es una ingenuidad que puede acarrearnos graves males. Con ‘viejo orden’ o con ‘nuevo orden’, del extranjero no podemos esperar nada más que humillación. Nosotros sabemos que la libertad, la riqueza y la dignidad se conquistan. La obra de FORJA es la preparación de esa conquista que algún día hemos de emprender los argentinos”. Clarito, ¿no es cierto. No era nazi, como les gustaría a algunos. No era marxista. Era un antiimperialista consecuente, al cual algunas lecturas marxistas le sirvieron para descubrir los mecanismos de opresión imperialista, de esos que hablaba un tal Lenín en El imperialismo, etapa superior del capitalismo.
Aquí termina -o empieza la cuestión- porque ya en anterior ocasión, hace una “temeridad de años”, como acostumbraba a decir Atahualpa Yupanqui, le propuse a Jorge Scalabrini que buscáramos un coordinador serio y un lugar neutral para discutir estas cosas, suponiendo desde ya que su intención es sana en tanto resguardar las ideas del padre, pero que seguramente su padre no coincidiría con la perspectiva desde donde analiza este asunto. Yo lo hago desde la izquierda nacional. Estoy cansado de decirlo aunque tal ha sido mi defensa de los nacionalistas revolucionarios y del peronismo que hay gente que se disgusta, en vez de agradecerlo, y entonces descalifican mi obra creando oblicuamente la sospecha de que no soy riguroso, ni científico. Hay algunos de esos y ya son bastantes, que atacan desde el campo proimperialista. Seguramente su padre se enojaría mucho si lo viera coincidiendo con ellos, preocupado angustiosamente, durante 40 años, por denigrar a quien, precisamente, desde el campo nacional, ha redoblado esfuerzos para rendirle homenaje a él y reivindicar su lucha antiimperialista a través de una vida y una obra incuestionables.
Norberto Galasso



Comentarios
creo que a travez de su
creo que a travez de su obra el sr GALASSO y en su lucha por la defenza de lograr un camino de integracion en nuestra America Latina es un ejemplo para aquellos argentinos que comprendemos que tambien la historia hubo historiadores como Manuel Ugarte que señalaron y dejaron huellas profundas de la verdadera historia de nuesto continente y hombres como Galasso son y seran fieles a mantener fresca los ideales de sus antecesores para que futuras generaciones puedadn tener en claro a travez d sus obras ,como mantener y sostener la claridad de sus conceptos.siempre habra quienes queran ante sus obras tergirversar sus pensamientos ,los intereses cipayos dispones de dinero y espacios en los medios para hacer su obra de destuccion ,pero siempre encontraran hombres como usted libres con pensamiento nacional y cultura politica ajena a esos interes,
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