INTERROGANTES, POR ELÍAS QUINTEROS

"A fin de mes, la ciudadanía, mediante la emisión de su voto, podrá apoyar el proyecto del gobierno nacional o, en cambio, el de las fuerzas políticas que integran la oposición..."

INTERROGANTES
por Elías Quinteros

1. A fin de mes, la ciudadanía, mediante la emisión de su voto, podrá apoyar el proyecto del gobierno nacional o, en cambio, el de las fuerzas políticas que integran la oposición: dos proyectos diferentes, aunque algunos afirmen lo contrario, que estarán representados en la totalidad del país por una heterogeneidad de candidatos. Esto significa que millones de personas, como consecuencia de un ritual que contribuye a preservar el sistema democrático, tendrán la oportunidad de incidir sobre el desarrollo de una gestión que —a pesar de sus contradicciones, sus limitaciones e, incluso, sus errores—, posibilitó la reconstrucción de una sociedad que había caído en uno de sus períodos más tristes y dolorosos por obra de los cruzados del neoliberalismo. Tal circunstancia genera más de un interrogante. Y cada uno de estos, por su parte, origina más de una duda. Después de todo… ¿Disponemos de un medio que garantice que el electorado y, en particular, el sector del mismo que sufrió directa y crudamente los efectos de la era neoliberal no elimine de la memoria el recuerdo de la crisis que estalló a fines del 2001? ¿O que los individuos que ingresen al «cuarto oscuro» no sepulten debajo del silencio los ecos de la Argentina que presenció el «corralito», los «cacerolazos», el saqueo de los supermercados, la declaración del «estado de sitio», la represión del 19 y el 20 de diciembre, la renuncia de Fernando de la Rúa y la sucesión de cuatro presidentes en unos pocos días? ¿O que los votantes y, en general, los hombres y las mujeres que conforman la población, aunque no emitan un voto, no dejen al lado del camino la imagen de los días que, a pesar de su brevedad, presenciaron el cuestionamiento de la clase política por el grueso de la «gente», la declaración de la «cesación de pagos», el amurallamiento de las entidades bancarias, las protestas de los ahorristas, las manifestaciones «piqueteras» y el reemplazo de la moneda oficial por una diversidad de bonos provinciales? No. No disponemos de ninguno. Pero, los enemigos de la memoria tampoco tienen uno que asegure que los sufragantes no recuerden lo sucedido.

2. Desde que el kirchnerismo gobierna a nuestro país, por una decisión expresa, inequívoca e inapelable del pueblo que fue ratificada masivamente en las urnas, la influencia del neoliberalismo en la existencia de nuestra sociedad se redujo de un modo notable y satisfactorio. Para sorpresa de muchos, el período iniciado tras el triunfo electoral de Néstor Kirchner, a pesar de sus aspectos más cuestionables, generó un conjunto de cambios que, aunque no acabaron con el modelo económico y cultural del menemismo, asestaron una serie de golpes decisivos a la realidad que se configuró en la década de los noventa. Así, en el plano institucional, el discurso oficial, a diferencia de otros tiempos, no reflejó un amontonamiento de promesas ocasionales y palabras vacías, sino que anticipó y acompañó una seguidilla de hechos concretos, tan concretos como la renovación de la Corte Suprema de Justicia, la inclusión de los derechos humanos en la agenda de gobierno, la reactivación de la vía judicial con motivo de la violación de esos derechos durante la última dictadura y, en el momento más crítico del enfrentamiento con el «campo», el tratamiento parlamentario de las «retenciones agrarias». En el plano económico, la sociedad presenció la renegociación de la deuda externa y, por lo tanto, la reducción del monto adeudado; la cancelación de los compromisos asumidos con el Fondo Monetario Internacional (FMI); el crecimiento de la economía, luego de un período razonable de recuperación, con una progresividad y una dimensión impensadas; el incremento de la recaudación fiscal, la inversión pública, el gasto social y las reservas monetarias; y, asimismo, el resurgimiento del Estado como agente regulador y, con ello, de su presencia activa en áreas tan importantes, desde el punto de vista económico y estratégico, como las correspondientes a la distribución del correo, al control del espacio radioeléctrico, al suministro del agua potable, a la construcción naval, a la administración de los fondos provisionales, al transporte aéreo; etc. En el plano social, cada uno fue testigo del desarrollo de una política que, entre otros logros, produjo la reducción de la desocupación y la ocupación informal; el aumento de las remuneraciones, las jubilaciones y las pensiones; la disminución de la pobreza y la indigencia; la revitalización de la legislación laboral; y el crecimiento de los montos invertidos en cuestiones educativas y sanitarias: tarea ciclópea que, por efecto de los años que vieron el reinado absoluto del menemismo, continúa siendo insuficiente. Y, por último, en el plano externo, la administración gubernamental, con un criterio que privilegiaba el interés nacional y la integración latinoamericana, rechazó, por un lado, la posibilidad de integrar el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y apoyó, por el otro, el proceso que permitió la consolidación del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), el surgimiento de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el tratamiento regional del conflicto que se suscitó entre Ecuador y Colombia, el sostenimiento de la democracia boliviana y, como una consecuencia lógica, la defensa del multilateralismo en los foros internacionales. Indudablemente, tal enumeración —que sólo comprende una parte de la obra efectuada—, no tiene la intención de atenuar la importancia de aquello que no fue realizado, ni de aquello que no fue realizado en la forma correcta. Pero… ¿Esto significa que lo primero, no obstante sus implicancias, carece de la magnitud necesaria para pesar más que lo segundo en el momento de la emisión del voto y, por sobre todo, para lograr que las gestiones de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández pesen más que las anteriores? En realidad, nadie lo sabe con certeza: ni quienes apuestan a la construcción de un modelo que satisfaga los intereses populares y nacionales, ni quienes apuestan a lo contrario.

3. El miedo —que no es malo en la totalidad de los casos, ya que nos alerta en más de una ocasión, sobre la proximidad real de una situación de peligro—, asume los caracteres de un elemento malsano cuando constituye la respuesta a un peligro imaginario o, por el contrario, a un peligro real que no justifica la magnitud ni la persistencia de la reacción. Por desgracia, para una parte de la sociedad argentina, una mezcla de miedos desproporcionados y miedos injustificados configura una compañía cotidiana, una presencia que condiciona la mayoría de los pensamientos y los actos desde el comienzo hasta el final de cada día, una realidad que modifica a cada instante la razón de su existencia o, en otras palabras, que sustituye a cada instante «aquello» que aparece como el responsable de su formación y su permanencia. Este hecho explica o, por lo menos, ayuda a comprender porqué la posibilidad de recibir los estornudos de los individuos que tienen la gripe porcina sustituyó a la posibilidad de padecer las picaduras de los mosquitos que transmiten el dengue; y ésta sustituyó a la posibilidad de enfrentar las balas de los delincuentes que roban billeteras, automóviles y casas; y ésta sustituyó a la posibilidad de sufrir los efectos de la crisis que conmueve al mundo; y ésta sustituyó a otra que, a su vez, hizo lo mismo con otra que la precedió en el tiempo. El recorrido de este encadenamiento de miedos, con un sentido inverso al de su formación, hasta un punto que se pierde en los límites del recuerdo, demuestra dos cuestiones: la importancia de esos miedos dentro de la vida de muchas personas y el desempeño de los mismos como condicionantes de sus acciones. Pero… ¿Alguien puede vaticinar la derrota de la sensatez, la esperanza y la posibilidad de construir un futuro que sea mejor que el presente, aunque eso requiera una cuota de imaginación, coraje, sacrificio y riesgo, frente a la insensatez, la desesperanza y la certeza de heredar un futuro que reproduzca, multiplique y profundice los males del pasado? No. Nadie puede efectuar tal vaticinio. Afortunadamente, el hombre es impredecible en más de un aspecto. Y, por ello, puede realizar actos magníficos y sorprendentes en los momentos más inesperados.

4. A veces, la defensa de un gobierno, como el actual, es necesaria, más allá de su estilo, para exteriorizar el reconocimiento de sus virtudes, para garantizar la continuidad de su obra y para profundizar la orientación de su actividad: una actividad que, entre otras metas, apunta al incremento de la producción económica que tiene una cuota elevada de valor agregado y, en forma simultánea, a la reducción de la injusticia social que existe en el país, desde hace un tiempo prolongado, a través de un proceso creciente de redistribución de la riqueza. Dicha defensa, a la luz de estas apreciaciones, no sólo configura una obligación moral y un compromiso político. También representa una decisión ineludible para quienes rechazan la idea de perder el terreno conquistado y atesoran el sueño de multiplicar los triunfos obtenidos. Sin embargo, la efectivización de una conducta como la descripta y, por ende, de una que comprenda el cumplimiento de esa obligación, la asunción de ese compromiso y la toma de esa decisión, no emerge como una empresa exenta de dificultades. Por el contrario, la circunstancia de votar los candidatos del oficialismo e, incluso, de adelantar el sentido de esa votación, pueden generar la sorpresa, la incomprensión y la crítica de quienes no comparten esa postura. Esto no constituye un detalle menor si pensamos en la campaña difamatoria que es implementada por algunos exponentes de la comunicación escrita, radial y televisiva; en la actitud obstruccionista que es desarrollada por algunos representantes de la oposición; y en las acciones violentas que son ejecutadas por algunos integrantes de la sociedad que son tan cuestionables como los que reivindican a los artífices de la última dictadura o los que «escrachan» a los responsables del actual gobierno. En consecuencia… ¿Este panorama, que no resulta demasiado promisorio, es inmodificable e insuperable? No. Pero, exige un acto de voluntad que sea positivo, categórico e irreversible.

5. ¿Podemos creer en los que afirman que la libertad de expresión o la libertad de reunión, dos libertades fundamentales para el pensamiento que suele autodefinirse como republicano, no existen en la Argentina o, en el mejor de los supuestos, no rigen con la amplitud necesaria, cuando vemos que los medios de comunicación masiva y los ámbitos del dominio público son utilizados libremente por quienes critican al gobierno nacional y, en una muestra absoluta de cinismo, cuestionan a la pareja presidencial porque emplean una parte de esos medios y de esos ámbitos para defender su proyecto político? ¿Podemos creer en los que afirman que el autoritarismo, palabra que provoca el deleite de más de un opositor, reina impunemente en la Argentina, por obra del kirchnerismo, cuando vemos que más de un autoritario procede con la intolerancia que es atribuida al gobierno, denotando un ánimo «destituyente» y, por tal motivo, un espíritu antidemocrático que no puede ser disimulado, con ninguna excusa ingeniosa, ni con ningún recurso retórico? ¿Y podemos creer en los que afirman que la violencia sistemática, recurso multifacético que tiene a la agresión verbal en un extremo y a la agresión física en otro, abunda en la Argentina, a raíz de una decisión oficial que degrada la práctica política y socava la convivencia democrática, cuando vemos que el torrente de críticas, descalificaciones, insultos y burlas que fluye diariamente sólo salpica a funcionarios, legisladores y figuras del partido gobernante? No. No podemos albergar esa creencia ya que la realidad desmiente esas afirmaciones de un modo contundente y definitivo. Esta circunstancia no garantiza que la contradicción que existe entre una y otras sea percibida por quienes se niegan a hacerlo. Pero, la verdad, a pesar de lo dicho, se encuentra allí, libre de ropajes que puedan disfrazarla, a disposición de cualquiera que se atreva a verla de frente.

6. Todo es posible. Por lo tanto, no debemos alegrarnos ni entristecernos prematuramente. A la vuelta de la esquina, podemos toparnos con el triunfo o con la derrota. Eso no depende de nuestros deseos ni de nuestros temores. Sólo depende de lo que hagamos. Millones de votos, en un sentido o en otro, pueden significar el acierto o el error de millones de personas: una opción que implica la defensa o el abandono de un proyecto que tiene la finalidad de conducir al conjunto de la sociedad hacia un futuro que esté exento, total o parcialmente, de los males del pasado. Entonces… ¿La suerte de todos y, por ende, la de cada uno, depende de un hecho tan simple y trivial como el de arrojar una moneda y, luego, aguardar que la cara que quede hacia arriba corresponda a la que fue elegida en forma previa? Francamente, desconozco la respuesta. Pero, sospecho que la misma es evidente. En algunas ocasiones, las personas y las sociedades —al igual que los que apuestan su porvenir a una carta que defina el juego, a un golpe que defina la pelea o, en cambio, a un penal que defina el partido—, deben tomar una decisión que puede resultar bien o mal ya que las posibilidades de ganar o de perder son equivalentes. Esto nos deja en medio de la incertidumbre: una sensación terrible y angustiante que precede a las batallas decisivas, es decir, a las mismas que son libradas exitosamente por quienes comprenden que, en ese caso, su presencia es inevitable.

16/06/2009

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