NUESTRO PRIMER COLISEO El Teatro Colón, modelo de producción independiente. Terminada su construcción entre 1908 y 1910, El Teatro Colón, nuestro primer coliseo, desplegó durante cien años una enorme realización de acontecimientos artísticos en el campo de la ópera, el ballet, los conciertos sinfónicos, por ejemplo, que lo encumbraron como uno de los mejores teatros en su género de todo el mundo. Comparable su calidad artística con los de la Scala de Milán, la Ópera de Viena, el Metropolitan de Nueva York o la Ópera de París. Enaltecieron sus realizaciones los más grandes intérpretes, compositores y directores nacionales e internacionales. Egresaron de su Instituto Superior de Arte importantes cantantes, bailarines, directores de escena que se han destacado y se destacan en nuestro país y en el extranjero. Su coro y orquesta recibieron el elogio de todos aquellos intérpretes que sabían que para ver consolidada su carrera en algún momento de ella debían mostrar el nivel que su arte había alcanzado en su famoso escenario. Constituía una de las metas más altas haber cantado, por ejemplo, en el Teatro Colón. Su público acompañó sus manifestaciones con una calidez exhuberante, siempre crítica, internacionalmente reconocida. Su famosa acústica acrecentó la trascendencia de su lugar en la lírica internacional. Entre innumerables proyectos creó el Centro de experimentación, modelo de trabajo intelectual y artístico. Deseo destacar en este sentido sus magníficas producciones escénicas, elogiadas por la crítica especializada nacional e internacional que fueron el soporte necesario para la concreción y culminación del arte de tantos intérpretes como más arriba mencionábamos. Esas realizaciones fueron el resultado del trabajo de técnicos y artesanos que durante muchos años mostraron su capacidad y formación especial y encumbraron a nuestro primer coliseo como uno de los pocos teatros del mundo que podía realizar en forma independiente, y en el más mínimo detalle, sus producciones en el más alto nivel técnico y creativo en sus propios talleres, dirigidos los trabajadores por la guía de los proyectos artísticos que los directores de escena, escenógrafos, maestros internos y directores artísticos y musicales establecían en función de ese proyecto que evidenciaba claramente la capacidad resolutiva e independiente de los gremios y talleres del Colón. Fueron así, famosísimos sus vestuarios, sus puestas escénicas que fueron modelo para otros teatros del mundo. Cabe destacar que recientemente Plácido Domingo comentaba que anhelaba, y reclamaba, que los teatros que dirige en Washington y Los Ángeles tuviera ese nivel de producción autárquica que el Colón ha tenido hasta ahora. Pero este es, precisamente, el punto central del conflicto. Se escuchan voces que afirman que nuestro primer Coliseo ya no tendrá esa posibilidad de realización que tanto éxito y tanto trabajo posibilitó a un sinnúmero de operarios especializados. Ese trabajo consolidado y fundado en un gran conocimiento técnico constituyó una de sus grandes tradiciones. Parece que este modelo ya no sirve. Y esto es justamente lo que no se entiende, en principio. Cuando los teatros programan comprar sus producciones, y así en esta línea de aquí en más pareciera que se encontrara ya destinado el nuestro a hacer lo mismo, a productores de realizaciones escénicas que obedecen a grupos empresariales extranjeros, extraña profundamente esta decisión. Hace nuevamente, por lo menos, incomprensible la decisión de autoridades que no piensan en la posibilidad de comerciar con el mundo un modelo de producción independiente en el arte lírico, en el arte del ballet surgida de las propias manos de nuestros trabajadores y creadores. No se entiende. ¿Esto se debe a la falta de capacidad creadora de nuestros empresarios-autoridades? ¿No pueden generar fuentes de trabajo independiente, en estos espacios de la cultura, con producciones-modelo vendibles a otros escenarios del mundo, utilizando a la propia mano de obra especializada? ¿O sigue siendo más de lo mismo, la misma negación de realizar un modelo productivo que genere trabajo organizado según una planificación propia e imaginativa, como modelo autónomo de realización, en este caso en un ámbito cultural que conserva aún en todo el mundo un amplísimo campo de difusión para el público interesado, y para el público nuevo que puede ser atraído por estas formas de cultura musical? Tal vez esto último es lo que acontece. Tampoco el Colón puede representar, ser expresión, aunque en su micromundo técnico-empresarial-artístico un modelo que no condice con los fundamentos ideológicos que plantean un retorno masivo a los dictámenes caros al neoliberalismo que, como experiencia histórica reciente, inmediata, constituyó el suelo para que los intereses de grupos económicos, aparentemente anónimos, produjeran sus ganancias, al mismo tiempo que producían, como resultado de la implementación de su ideología, un tipo de subjetividad acorde a esos intereses individuales que cobraban especial expresión en las prácticas sociales, culturales y políticas y que también de este modo consolidaban, en un círculo casi perfecto, como desean hacerlo ahora, su modo de ver al mundo y de entender la experiencia humana sujeta sólo a dichos intereses de gestión lucrativa y nunca a los de la nación en su conjunto, y por lo tanto a los verdaderos valores culturales representativos de un pueblo que muestra al mundo sus realizaciones. Por eso debemos ampliamente difundir que nuestro primer Coliseo ha sido ejemplo de otra cosa. Y que su ejemplo, hoy, en una dimensión renovada, es auténticamente realizable. Pero su ejemplo es un mal ejemplo. No sea cosa que otros teatros lo imiten. No sea cosa que su experiencia de realización autónoma sea un ejemplo cuestionador de los principios que sólo se sustentan en un modelo de enriquecimiento que jamás puede tener en cuenta de ninguna manera las realizaciones productivas materiales y culturales en el marco de una comunidad que se organiza integralmente planificando lo que imagina y crea, sus realizaciones, en función del bien común, esto es en función de todos los humanos que la integran. Lo que nuestro querido Teatro Colón fue todavía puede serlo y dar así un alto ejemplo a las nuevas generaciones de trabajadores del arte y público en este ámbito de nuestra cultura.


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